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Mujeres en el proyecto mesiánico de Jesús

  • Foto del escritor: Abiud Fonseca Ariza
    Abiud Fonseca Ariza
  • 25 ene 2023
  • 5 Min. de lectura

Actualizado: 16 feb 2023

Las razones que algunas organizaciones evangélicas tienen para excluir a las mujeres del ejercicio ministerial eclesial pleno, pasan más por el mal uso de la Biblia para la legitimación del prejuicio de supremacía masculina, que por una lectura atenta de los registros neotestamentarios. Quiero comentar dos cuestiones que se pueden profundizar en los análisis bíblicos, y además pueden servir para un ejercicio de rehistorización de los orígenes de la iglesia.

Primero. Revisemos el convencimiento tradicional de que la conformación de la comunidad apostólica inmediata a Jesús (los doce), estuvo constituida únicamente por varones.

Tradicionalmente, esta idea ha sido fundamento para el ejercicio obispal exclusivo del varón. Considero que esta interpretación bíblica es una herencia de la eclesiología católica romana sobre la sucesión apostólica, que justificó el establecimiento del papado masculino. Creo que la eclesiología protestante, aunque no dejó de avalar la dominación patriarcal, tuvo una opinión que transgredía este principio católico, en la famosa aseveración del sacerdocio universal del creyente. Mencionaré tres datos bíblicos que pueden abrir nuestro pensamiento para dejar de ver a la comunidad apostólica como un grupo estrictamente patriarcal. Uno, la mención explícita de Hechos 9:36 que llama a Tabita discípula. El término usado es madtsétria (discípula), femenino de madsetés (discípulo), palabra con la que se identificó a los doce discípulos o apóstoles. La tradición cristiana adjudicó a Tabita el trabajo de costurera. Así, nos obligó a no darnos cuenta de que la Biblia afirma que Tabita era discípula. De ese modo, la tradición nos impuso una visión de que Tabita era solo practicante de una labor doméstica. Para la tradición, el ámbito doméstico ha sido un lugar para las mujeres. Tabita quedó excluida de la comunidad discipular, por tanto, del ámbito público. Para la tradición, lo público es un lugar para los varones. Algunos dirán que Tabita era discípula, pero no miembro de los doce. Recordemos que el término ‘doce’ o dódeka no hace alusión a un número exacto. Al leer 1 Corintios 15:5 nos daremos cuenta de esto. Pablo menciona que Jesús resucitado se apareció a los doce, aparte de Cefas o Pedro, y sabiendo que Judas ya estaba muerto. Y luego en el 15:7, Pablo hace una distinción entre los doce y los apóstoles. Surge la pregunta: ¿los doce eran exactamente doce apóstoles varones o era una forma de llamar a los discípulos de Jesús? La respuesta está en la misma Biblia. Los listados de los doce en los evangelios no concuerdan. Marcos 3:18 dice que Tadeo era un discípulo. Mateo 10:3 lo llama Lebeo con sobrenombre Tadeo. Lucas 6:16 no menciona ni a Lebeo, ni a Tadeo; sino a Judas hermano de Jacobo. Y Juan no habla de la elección de los doce, más bien afirma que el primer discípulo en asegurar que Jesús es Hijo de Dios, fue Natanael (Jn. 1:49), ausente en los listados anteriores. Parece que los doce eran más de doce. Entonces, no se puede asegurar enfáticamente que Tabita, aunque era discípula, no pertenecía a los doce. Al fin, lo que importa ahora es reconocer que la Biblia sí habla de una discípula. Dos, según Juan 20:18 la primera anunciadora del evangelio o de las buenas nuevas fue María Magdalena. Y quien la envió fue el mismo Jesús. El cuarto evangelio usa el término apangéllo para describir la acción de María Magdalena. Esta palabra está relacionada con la labor apostólica. Recordemos que apóstol (apóstolos) significa enviado para dar el mensaje. Y es lo que justamente hizo Jesús con María Magdalena, la envió para dar el apangéllo o el mensaje del evangelio. No debe resultarnos extraño que muchas comunidades cristianas que aparecieron a finales del siglo I y el siglo II, consideraron que María Magdalena era una actora principal de la tarea mesiánica de Jesús, incluso apóstola. Existen cristianismos originarios, como el gnóstico, que registraron documentalmente la posición protagónica de María Magdalena. Los evangelios apócrifos de Tomás, Felipe, el Diálogo del Salvador, la Sabiduría de Cristo, el Evangelio de María, evidencian que la Magdalena era una testigo fundamental del mensaje de Jesús, el Cristo. Tres, Lucas 8.1-2 dice explícitamente que Jesús iba por las poblaciones, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios. Según Lucas, Jesús no cumplía esta misión sin compañía; sino que los doce y las mujeres iban con él, también predicando. Cabe recalcar que la denominación dódeka no es un término cuantitativamente exacto. Es decir que, para este evangelio, los doce no eran los únicos a quienes Jesús escogió para el cumplimiento de la labor del apostolado. Recordemos que Lucas nos cuenta que Jesús además de los doce, llamó y envió a setenta o setenta y dos (Lc. 10.1). Y en el libro de los Hechos, se afirma que quienes estaban en Jerusalén esperando la promesa del Padre eran, juntamente con los doce, las mujeres y otros hermanos, que hacían un grupo de ciento veinte. Entonces, cuando Lucas dice que Jesús iba con los doce y con las mujeres, está mostrando que las mujeres formaban parte de la comunidad de anunciadores del evangelio.

Segundo. Debemos revisar la procedencia de los textos prohibitivos de 1 Timoteo 2, y de 1 Corintios 14.

Es increíble que este texto duplicado en Timoteo y Corintios sea la bandera para excluir a la mujer de la labor ministerial plena. Digo esto, porque existen muchos textos más que describen y avalan la labor ministerial plena de la mujer. Los estudios actuales (Zetterholm, Nanos, Sanders, Aguirre) aseguran que este texto no corresponde a la época paulina. Es posterior. Pablo defendía la labor de la mujer como diácono (Febe en Ro. 16:1), colaboradora (Priscila en Ro. 16:3), apóstola (Junias en Ro. 16:7), profetisa (1 Co. 11:5) y más. Además, Pablo hizo la gran declaración de Gálatas 3.28: “no hay hombre ni mujer”. Entonces, no es posible pensar que Pablo prohibía el liderazgo eclesial de las mujeres. Más bien se trata de textos posteriores a los orígenes primarios de la iglesia. En el tiempo que se escribe la carta a Timoteo, la iglesia ya no estaba en las casas, sino en los templos o “casa de Dios” (1 Tim. 3.15), y había adoptado la estructura patriarcal de la sinagoga. De este modo, lo que Jesús dijo e hizo sobre el reino de Dios, y lo que Pablo dijo e hizo sobre la iglesia, fue modificado para establecer una estructura que reflejaba el dominio masculino que había en las sinagogas. Lamentablemente, ese es el texto que hemos preferido usar. Entonces, no es que estamos siendo más bíblicos al subordinar a la mujer; solo estamos haciendo caso a un tipo de lectura bíblica. ¿Acaso la revelación divina del Espíritu no estuvo en los muchos textos bíblicos que afirman la labor ministerial plena de las mujeres?

 
 
 

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